domingo, 23 de enero de 2011
El señor escalpado
domingo, 12 de diciembre de 2010
Colaboraciones
The Bob Dylan Blues
En el periodismo de ficción nos encantan las parodias. Sea quien sea el parodiado. Si la parodia está hecha con gracia-inteligencia, la apoyamos-disfrutamos. Y ese es el caso de esta canción escrita por Syd Barrett (1946-2006) en 1970.
jueves, 12 de agosto de 2010
Mundo gilipollas
Un chino recorre en un año 365 países, 100 más de los que hay
O-Sian Zhao, un ciudadano chino de 21 años, asegura que recorrió en 2009 la cifra de 365 países, unos 125 más de los existentes en la Tierra –nidiós se pone de acuerdo en la cifra oficial-. Todo empezó a principios del 2009, cuando O-Sian Zhao contrató un viaje en un tour operador para recorrer 10 países en 10 días. Al terminar el viaje, le quedó un Facebook tan interesante que su número de amigos virtuales empezó a crecer más que las cifras del paro.
“Fue entonces cuando me hice adicto a viajar –explica O-Sian-. Si me quedaba un día en China se me ponían los pelos de corbata y los huevos de punta”. Fue en ese momento cuando Zhao decidió que iba a recorrer un país por día, y a colgar en su Facebook la correspondiente foto ante el monumento típico del lugar. “Yo subía a los aviones y viajaba sin importarme el destino –continúa O-Sian–. Estaba desquiciado. Sólo pensaba en coleccionar un nuevo país. Ni siquiera podía recordar dónde había estado el día anterior...”. Fue por eso que, en lugar de colgar las fotos bajo el nombre de los países, simplemente empezó a ponerles un número correlativo. Y todo iba bien hasta que, al terminar el año 2009, Zhao se percató de qué había recorrido todos los países de la Tierra más otros 100 de su propia cosecha.
En circunstancias normales se creería que O-Sian es un impostor, sin embargo, este ciudadano chino asegura que no ha falsificado nada, y que no se explica de dónde han salido estos nuevos países. Además, expertos fotográficos aseguran que las fotos no son montajes ni han sido sometidas a manipulación. No obstante, nadie consigue identificar los lugares en los que se han hecho los retratos. “Si alguien puede darme alguna pista le estaría eternamente agradecido -explica O-Sian, desconcertado ante la foto número 317, en la que estira su sonrisa china ante una enorme pirámide rodeada de un arco plateado-. Lo único que puedo añadir es que la gente debería viajar de un modo más reflexivo”.
lunes, 2 de agosto de 2010
El señor escalpado
El señor escalpado
martes, 27 de julio de 2010
Actualidá
La crisis desbanca al tiempo como conversación de ascensor
ACTUALIDÁ
Hasta hace poco, cuando alguien se topaba con un desconocido en un ascensor, resoplaba y decía de manera inconsciente: “Uff, qué calor…”. O, si el encuentro se producía en invierno: “Brrr, qué frío…”. Y lo mismo ocurría en otras situaciones parecidas, como cruzarse con un conocido por la calle, reuniones con la familia política… “¡Uff, qué calor…!”. Todo por no enfrentarse al silencio…
Sin embargo, una encuesta realizada el mes pasado por el Instituto Nacional de Estadística refleja que en la actualidad esta tendencia ha cambiado. Ahora, en lugar de nuestro impulso inconsciente a largar sobre el clima en esos segundos en los que el silencio se vuelve un palo en el culo, un 86% de los españoles reacciona instintivamente con un comentario sobre la crisis económica. Según los datos del INE, recogidos a pie de ascensor y en las barras de cafeterías, las nuevas frases favoritas de los españoles para rellenar sus silencios incómodos son: “Joé la crisis…”. “Joé con la crisis esta…”. Y “Joé con la puta crisis esta…”.
Desde La Moncloa se ha aprovechado para sacar una lectura positiva del asunto. Sin embargo, desde la oposición se ha hecho una lectura negativa (esto puede aplicarse a todos los acontecimientos ocurridos en España desde 1977). Desde Springfield, Homer Simpson ha declarado: “Las encuestas no sirven para nada; es algo que sabe el 43% de la población”.
sábado, 24 de julio de 2010
Telebasura
'El gato al agua' recibe el premio Goebbels a la difusión
TELEBASURA
El prestigioso premio Goebbels ha recaído este año en el, no menos prestigioso, programa de debate y humor El gato al agua, de la mística cadena Intereconomía. La entrega de tan acreditado premio se realizó, como todos los años, en el tétrico castillo del PP, en lo alto de la oscura montaña de Génova, a las doce en punto (pelota) de la noche. Y fue el resultado de una encuesta la hostia de objetiva realizada (mucho mejor que “hecha”) por el superdiario ABC.
El encargado de presentar la gala de este año fue el showman Alfredo Urdaci, quien centró su batería de chistes en los 100.000 civiles iraquís que han muerto desde que se iniciara la independencia petrolífera de Irak en 2003. Unos chistes que provocaron las perversas carcajadas del público y, en especial, del ex presidente José María Aznar, el cual se encontraba entre los asistentes fumando un puro y con las piernas apoyadas en el respaldo de la fila inferior.
La entrega de la famosa estatuilla, en forma de cerebro cuadrado dentro de un cubo (no sé por qué la describo si es tan famosa…), se realizó hacia el final de la gala y fue recogida, ente encendidos aplausos, por el propio presentador del programa, Antonio Jiménez, quien, para acudir al evento, decidió salir del armario y vestirse con la capa, los colmillos y el liguero que luce habitualmente en su vida privada. “Me llena de orgullo y satisfacción recoger este legendario premio -dijo en referencia al Goebbels-. Aunque, para ser sincero, todos los espectadores del programa ya son de ultraderecha; así que no creo que los adulteremos demasiado…”.
Sin embargo, el momento más emotivo de la noche llegaría instantes después, cuando se le hizo entrega de un Goebbels honorífico por toda su carrera a Esperanza Aguirre, hoy y siempre nuestra Lideresa. ¡Hail Esperanzísima!
Por último, recordar que este premio fue recibido en anteriores ediciones por el mensaje del rey en navidad, el querido nodo y un anuncio de McDonalds especialmente sedicioso.
martes, 20 de julio de 2010
sábado, 17 de julio de 2010
Colaboraciones
El premio Planeta
El texto que sigue es un artículo publicado originalmente en La fiera literaria, el Boletín del Centro de Documentación de la Novela Española.
Nosotros lo hemos copiado de la página web http://www.lafieraliteraria.com/
Agradecemos a La fiera literaria que nos haya permitido publicar este artículo por medio de su copyleft.
Contra la Industria Cultural
Escrito por M. García Viñó
El premio Planeta
¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo la farsa, el chanchullo, la componenda, la compraventa, la antiliteratura, la corruptela, la ostentación cateta, tratada como si fuese un asunto cultural serio? ¿Hasta cuándo ver la corrupción únicamente en la política y los negocios, y no verla en eso que se llama industria cultural, que es ciertamente industria, pero no cultural, sostenida por una mafia editorial que ha rebajado el libro de valor de uso, como siempre fue, a valor de cambio, con la complicidad, por ende, de quienes deberían defender la literatura y que en seguida voy a nombrar?
Todo el mundo sabe lo que es el Premio Planeta. Es la manera que tiene un editor, un comerciante, un industrial de la cultura, un fabricante de libros, sin el menor apego por la literatura, para ganar dinero, con la colaboración de periodistas, críticos literarios, profesores de literatura, académicos, escritores, políticos gestores de la política cultural y hasta miembros de la casa real, que, se dice, no participa de balde en la puesta en escena de la charlotada.
El inventor del Premio Planeta, José Manuel de Lara, analfabeto pero muy listo, distinguido con el título de Marqués del Pedroso de Lara por Su Majestad, “en reconocimiento a sus aportaciones a la cultura” lo dijo paladinamente en una entrevista con un redactor del diario Pueblo, allá por los 70, según he leído en La Fiera Literaria: <> Y así es: los premios literarios se inventaron para obtener millones de publicidad gratuita ¿Y por qué se puede obtener publicidad gratuita con los sainetes de los premios literarios? Porque los medios de comunicación españoles, los críticos literarios, los escritores, los profesores de literatura, los ministros de Cultura, los políticos, la Generalitat de Cataluña, los miembros de la Casa real como ya he apuntado, dan tratamiento de acontecimientos culturales a las que no son sino operaciones de marketing.
Este tipo de premios, otorgado por una editorial a un libro inédito que ella misma va a publicar no se conoce en ninguna otra parte del mundo occidental… Ni oriental, por supuesto. La limpieza, honradez, seriedad y objetividad están excluidas por principio de su selección y su concesión.
En su desarrollo y de cara a la masa lectora, que ignora toda esta picaresca, la convocatoria y concesión del Premio Planeta adquiere todos los visos de una inmoralidad, de un delito, por supuesto, de un delito de lesa cultura.
Se anuncia un concurso de novelas, dando a entender tácitamente que se trata de premiar el mejor libro de ese género, de entre los que se presenten. El premio consistirá en una fabulosa cantidad de euros que este modesto ordenador “no sabe” escribir. Del relumbrón que produce se beneficiarán también otros libros del “ganador” y, además del libro premiado, otras publicaciones de la editorial, empezando por la novela que haya quedado finalista.
Mientras las bases del “concurso” circulan por los tontideros, las redacciones de los periódicos, los departamentos de literatura, las librerías, el astuto fabricante de libros encarga sin el menor disimulo, a la vista de todos, a un escritorcete más o menos conocido, a un reportero, a un popular presentador de televisión, a una guaperas o a un guaperas de la jet o a un payaso, un libro a la medida de sus intereses:, es decir, aliterario, vulgar, pedestre –“que lo entiendan hasta las porteras”, es uno de los axiomas de la filosofía planetaria--, sobre un tema de actualidad, mejor si escabroso, “con mucho tomate”, como decía el marqués.
El día señalado, el comerciante organiza una cena de ésas que no conocen en Uganda, Tanzania ni Zimbawe, a la que asiste el Todo Chorrez –actrices, actores, banqueros, periodistas de todos los medios, profesores universitarios, políticos, entre los que se cuentan el Presidente de la Generalitat y la Ministra de Cultura, miembros de la Casa Real y, en una ocasión, los propios Reyes, porque era el cincuenta cumpleaños del invento.
Desde varios meses antes, ya sabe todo el mundo quien va a “ganar”, no obstante lo cual, un grupo de escritores aparentemente serios y profesores de los llamados importantes y considerados serios y honrados fingen estar enfrascados, en un comedor aparte, en reñidas votaciones, cuyo desarrollo comunican a los comensales entre plato y plato.
Proclamado el nada sorprendente fallo, felicitaciones, parabienes, entrevistas, etc., etc. para el “ganador”: millones de publicidad gratuita, ya lo dije. En las radios, las televisiones y los diarios, reportajes, entrevistas, artículos, comentarios en los que se trata el suceso como un acontecimiento cultural y, al ganador, como alguien que, estando allí presente por casualidad, ha llevado a cabo una gran hazaña literaria.
Es justamente en este punto donde uno recuerda aquella frase lapidaria de don Ramón del Valle Inclán, que dice: <>. Como diría un Hamlet de la Zarzuela, no es extraño que en los países serios nos tachen de beodos.
Un interesante dato, que no conviene olvidar, es el que atañe a los ganadores. Son escogidos principalmente entre escritores y periodistas con ínfulas de novelistas, todos los cuales, casi absolutamente todos los cuales son personas acérrimas defensoras de la honradez y la limpieza en las relaciones humanas, que diariamente denuncian en sus columnas la corrupción, la mentira, el chalaneo, el robo etc., pero que no tienen reparo en prestarse al chanchullo del Premio Planeta o de cualquier otro premio, defraudando a los casi quinientos concursantes que han optado al premio de buena fe. Engañando a los miles de lectores que comprarán el libro no porque sea de quien es, sino porque ha sido premiado en un concurso que ellos, que no están al tanto del trucaje, creen que es de verdad. Mintiendo en las entrevistas y en las declaraciones a la prensa. Participando en la payasada engañosa del fallo, las “votaciones”, etc. Beneficiando a un industrial de la cultura a quien sólo le preocupa la ganancia, no los valores literarios. Y embolsándose, mediante tantas falsedades, una millonaria cantidad de euros que, de otra forma, no hubiese conseguido.
Relaciono aquí los nombres de algunos de los moralistas que, en un descuido, no han considerado inmoral ni fraudulento prestarse a una componenda que tiene las delictivas consecuencias que he enumerado: Emilio Romero, Torcuato Luca de Tena, Jesús Torbado, a quien además le facilitaron el tema y el argumento, porque se trataba de aprovechar la circunstancia de la muerte de Franco. Lo ha declarado paladinamente quien entonces era director de la editorial, Rafael Borrás Bertriu, Juan Marsé, Fernando Schwartz, Francisco Umbral, Terenci Moix, Fernando Fernán Gómez, Ricardo de la Cierva, Gonzalo Torrente Ballester, Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa, Fernando Sánchez Dragó, Fernando Savater (profesor de ética), Soledad Puértolas, Antonio Gala, Antonio Muñoz Molina, Juan Manuel de Prada, Carmen Rigalt, Fernando Delgado, José María Mendiluce, Carmen Posadas, Espido Freire, Maruja Torres, Rosa Regás, Lucía Etxebarría, Ángela Vallvey, Juan José Millas, Ángeles Caso, entre otros tantos. Naturalmente, el industrial no sólo no trata de paliar cualquier escándalo que surgiese por causa de ciertas “coincidencias” o declaraciones imprudentes (a Muñoz Molina y a Maruja Torres se les escapó en su momento decir en la prensa que le habían encargado el libro con la promesa del premio). Sabe que todo lo que se hable o rumoree, aunque sea negativo, le favorece, porque los medios, al tiempo que denuncian las irregularidades, siguen considerando y tratando como algo importante, en relación con la cultura, “ganar” el premio.
¿Y el jurado? Escritores con ínfulas de serios, profesores universitarios, fingiendo que deliberan, representando el papel de discutidores, simulando el sudor de la frente, saliendo una docena de veces al estrado para informar de cómo van las votaciones, obedeciendo al fabricante de libros con quien han acordado una paga… ¡Qué vergüenza! Insisto en que este tipo de “premios” sólo se dan en la Españeta, como llama Carlos Rojas a la España sainetesca de la monarquía cocotera.
Sin el menor disimulo, la obra ganadora y la finalista, suelen estar ya impresas y encuadernadas para el día del “fallo”, y los críticos se apresuran a comentarla, por supuesto favorablemente.
La Fiera Literaria ha presentado en el registro del Ministerio de Cultura, durante la “regencia” de Esperanza Aguirre, Pilar del Castillo y Carmen Calvo, una solicitud avalada por un centenar de firmas, pidiendo que, si no se pueden abolir los “premios literarios”, de los que hay en España –Y ES RIDÍCULO—cerca de seis mil, al menos se regulen. Ni siquiera han acusado recibo a la revista, única defensora en España de la transparencia, la seriedad, la literatura auténtica y la honradez. ¡Que un editor premie un libro que él va a publicar! se escandalizaba ante mí un profesor de la universidad de Florencia.
Si el Rey o algún otro miembro de la Casa Real acude al lanzamiento de un producto comercial, como es el libro en manos de este tipo de editores, ¿por qué no bendice con su presencia el lanzamiento de una nueva clase de embutido o de cerveza, entre mil ejemplos?
Es vergonzoso, es cateto, es repulsivo, es anticultural, sólo propio, como dicen por ahí, de una república bananera o de una monarquía cocotera.
M. García Viñó
El señor escalpado
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








