FAMOSOS ANÓNIMOS
(Si empiezas a leer por aquí estás equivocado. Esta es la segunda parte de la entrevista que le realizamos -más profesional que la simple "que le hicimos"- a Mike Sputo la semana pasada. La primera parte está publicada más abajo)
-Empecemos por el origen. Señor Sputo, ¿tuvo usted infancia...?
(Si empiezas a leer por aquí estás equivocado. Esta es la segunda parte de la entrevista que le realizamos -más profesional que la simple "que le hicimos"- a Mike Sputo la semana pasada. La primera parte está publicada más abajo)
-Empecemos por el origen. Señor Sputo, ¿tuvo usted infancia...?
Mike se gira en la silla y recuesta su espalda contra la pared en lo que parece un duelo de envergaduras.
-El mejor recuerdo de mi infancia es sentirme atravesado por una ola de fuego… -dice con una voz melancólica que me recuerda a un puñado de lobos destripando un jabalí- Nunca olvidaré lo divertido que era estar en la maldita guardería, o en una mierda de parque, y de pronto empezar a oír aquel maravilloso pitido... Aquel sonido punzante que parecía provenir de las paredes, de los hilos de luz, del mismísimo interior del aire... Recuerdo que no podía controlar la risa mientras aquella lacerante vibración se intensificaba hasta hacerse abrasadora, después insoportable, y al final devenía en gloriosas llamas que brotaban de las paredes, de las personas, de la luz… Y el fuego, una vez más, devoraba el mundo...
-Hmmm… ¿Siguió conservando esa bonita sensación durante la adolescencia?
Mike vacía el vaso de vino como si fuese un chupito y saca un puro del bolsillo de la camisa; aunque en sus enormes manos sólo parece un purito. Lo enciende con una llama que me recuerda a la noche de San Juan. Después niega con la cabeza y me lanza una bocanada de humo que me sumerge en los muelles de Londres.
-Un día el fuego desapareció y me dejó vacío -explica-. Entonces fue cuando llegó el pánico a la MUERTE… -llena el otro vaso de cerveza y lo gira en la mano- Supongo que todos convivimos, más o menos, con la idea de la muerte. Pero yo sentía la idea de la MUERTE con más intensidad que cualquiera que conociese. No podía entender que un día fuésemos a morir y no hubiese remedio… Joder, ¿cómo era posible que nadie hiciese nada al respecto? Que todos siguiesen con su estúpida vida como si aquello no fuese a ocurrir. Que sonriesen. Que fuesen al trabajo. Que viesen la televisión… Soltar a un individuo a este mundo y darle la capacidad de comprender que va a morir; ese es el mayor acto de crueldad que se puede cometer sobre un ser vivo...
-Dígame, señor Sputo, ¿los años siguientes fueron igual de divertidos?
La niebla no me permite ver a Mike pero oigo el trajín de las jarras, el golpeteo de los vasos y el aullido de las sirenas de los barcos más allá de la mesa. Un trueno estalla entre la bruma, seguido de otro trueno más pequeño que evoluciona hasta convertirse en una tos ensordecedora.
-Claro… –dice Mike al fin- Entonces fue cuando empecé a beber profesionalmente y a vagar del trabajo al paro… –intuyo que vuelve a recostarse en la pared porque esta se queja como un gato al que acaban de pisarle los huevos por segunda vez en un día- Como tantos otros, sentía que la vida era absurda. Odiaba la puñetera sociedad. La gente me parecía estúpida-avariciosa-mezquina-cruel… ¿Qué carajo hacía yo entre ellos? Y lo peor era saber que todo era culpa de un calentón de mi padre, un carnicero de Móstoles que jamás leyó un solo libro en toda su vida...
La niebla se disipa lo suficiente para dejarme ver a Mike vaciando uno de los dos vasos. Por suerte, la cerveza y el vino parecen apaciguarlo. Como si en él tuviesen el efecto contrario que en la mayoría de los hombres. Como si el alcohol fuese la única música capaz de calmar a sus fieras internas…
-Eso significa… -digo- ¿Le gusta la literatura?
Mike saca la lengua. Aplasta la cabeza del puro en ella y suena como un chorro de agua derramándose sobre aceite hirviendo. Después guarda la lengua, mastica el puro y se lo traga con un gesto mecánico.
-¿Sabe? –dice sacando un palillo del tamaño de una jabalina y hurgándose los dientes- La gente divide a los demás entre los que trabajan y los que no trabajan. Los trabajadores son gente de provecho; y los parados, unos parásitos… Bueno, es una división materialista-mecanicista… -lanza distraídamente la jabalina y bate el récord del mundo- Yo, en cambio, divido el mundo entre aquellos que leen y la morralla que no lee. Por desgracia, la morralla es mayoría. Y la jodida democracia es un abuso de la mayoría; aunque sean una panda de deficientes mecanicistas...
Termina de hablar y ejecuta su gimnasia favorita; vaciar el vaso. Las dos jarras también están vacías así que lanza un nuevo grito y otra ronda aparece sobre la mesa. Esta vez me esfuerzo por ver al camarero pero sigo sin conseguirlo. Empiezo a creer de verdad que ese hijoputa no existe...
(la entrevista continuará próximamente...)

0 comentarios:
Publicar un comentario